lunes, 24 de abril de 2017

martes, 11 de abril de 2017

HOY: EL DÍA DE LA INDEPENDENCIA DE LA HUMANIDAD






Hoy es 14 de nisán en el calendario judío. 11 de abril en el nuestro. A simple vista es una fecha que no significa mucho.
Pero sí.

Es significativa para el mundo judío y el cristiano por razones en apariencia distintas, aunque si uno mira bien, se trata exactamente de lo mismo. Es una fecha que conmemora la libertad del pueblo de Dios: Primero la de Israel, y luego la de los gentiles en el resto del mundo.

Dos acontecimientos ocurrieron un día como hoy. Hechos que cambiaron la historia de la humanidad para siempre.

En esta fecha los judíos celebran el Pesaj o la Pascua, el día en que Israel fue libre del yugo de Egipto, guiado por Moisés.

En esta fecha los cristianos recordamos la crucifixión de Jesús, por cuya muerte y sangre, fuimos libres del pecado que arrastrábamos desde los días de Adán.

El mismo día en que Israel era libre de la esclavitud egipcia; miles años después, el mismo día, los gentiles también lo éramos de la esclavitud satánica.

¿Cómo así?

El camino para esa libertad fue el sacrificio de corderos. Primero corderos para salvar familias. Luego EL Cordero, para salvar al mundo.

Pero ¿Por qué era necesaria la sangre?


Romanos 6:23 Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor Nuestro.


La paga del pecado es la muerte. Para que el pueblo no muera por su propio pecado (Dios no tomará por inocente al culpable), debía entregar a otro. La vida de otro. En este caso, un cordero. Y no cualquier cordero. Tenía que ser uno limpio, sin mancha ni defecto.

Éxodo 12 Habló Jehová a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto, diciendo:


2 Este mes os será principio de los meses; para vosotros será éste el primero en los meses del año.
3 Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: En el diez de este mes tómese cada uno un cordero según las familias de los padres, un cordero por familia.
5 El animal será sin defecto, macho de un año; lo tomaréis de las ovejas o de las cabras.
6 Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes, y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes.
7 Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer.
(...)
12 Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los hombres como de las bestias; y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto. Yo Jehová.
13 Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto.
14 Y este día os será en memoria, y lo celebraréis como fiesta solemne para Jehová durante vuestras generaciones; por estatuto perpetuo lo celebraréis.


Israel fue libre del ángel de la muerte por la sangre de los corderos que pintaba las maderas de los postes (verticales) y del dintel (horizontal) de cada casa hebrea. El estrago que causó, hizo que Faraón al final deje libre de la esclavitud a todo Israel

Sí, ya usted sabe hacia adónde voy.

Juan 1:29 El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.


1 Pedro 1:18-19 sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata,
19 sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación.


El hombre por sí mismo no puede ser salvo. Dios lo sabe. Por eso mandó lo mejor que tenía, Su Hijo. 

Si Abraham estuvo dispuesto a sacrificar a Isaac por amor a Dios. Dios estaba dispuesto a sacrificar a Su Hijo por amor a la descendencia de Abraham (la física y la espiritual).
Dios dio un cordero para que Abraham sacrifique, de modo que Isaac salga sin daño.
En Jesús, Yahweh entregó a su propio Hijo como Cordero. Su amor por nosotros fue más allá que nuestro amor por EL.
Jesús fue pieza de sacrificio por vos y por mí. Y con El, Dios ya no hizo libre sólo a Israel, sino a todo aquel que:

Romanos 10:9 que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.
10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.


Aquel acto de obediencia del Hijo, lo colocó por encima de toda la creación al punto que ante su Nombre hoy dobla rodilla todo lo que está en la tierra, el cielo y debajo de la tierra.

Filipenses 2:5 Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús,
6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse,
7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;
8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
9 Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre,
10 para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra;
11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.


Israel marcó con la sangre de los corderos los postes de madera de sus casas (dos postes verticales, y uno horizontal). Y fueron librados de la muerte y de la esclavitud.
Jesús, el Cordero de Dios, marcó con su sangre los postes vertical y horizontal de la cruz... El era la puerta de esta casa llamada mundo. Nos hizo salvos (si Romanos 10:9).

Juan 10:9 Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.


Hoy es el día de la independencia de la humanidad, que había sido esclava del yugo de muerte y de satanás hasta un día como hoy hace 2017 años.
Un día como hoy el Padre dio lo mejor que tenía para salvarte a vos.
Para salvarme a mí.
Yo lo celebro.



sábado, 11 de marzo de 2017

¿Por qué Dios incluye a los hombres en Su obra restauradora de la Humanidad, si somos tan poco confiables? ¿No puede solo?

 Esa pregunta me daba vueltas por la cabeza de cuando en cuando, y ante mi imposibilidad de responderla, sólo quedaba en mí un agujero que se iba haciendo cada vez más grande. Y mientras más leía la Biblia y más veía la cantidad de personas imperfectas que mi Señor había usado, más me cuenstionaba sobre aquello.


¿Por qué Dios nos toma en cuenta en su obra redentora, si somos imperfectos, poco confiables, pequeños y muy dados a violar sus leyes desde el día atroz en que el pecado entró en nuestro ADN espiritual, allá, en nuestra terrible derrota del Edén?

Me lo pregunté muchas veces, hasta que leyendo el delicioso libro de Jonás me topé con una expresión de este hombrecillo, que en sí mismo no valía nada (como yo), y volvió la pregunta a retumbar en mi cabeza.
Aquí el texto:

4:1 Pero Jonás se disgustó en extremo, y se enojó. Así que oró a Jehová y le dijo:
—¡Ah, Jehová!, ¿no es esto lo que yo decía cuando aún estaba en mi tierra? Por eso me apresuré a huir a Tarsis, porque yo sabía que tú eres un Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte y de gran misericordia, que te arrepientes del mal. Ahora, pues, Jehová, te ruego que me quites la vida, porque mejor me es la muerte que la vida.
Pero Jehová le respondió:
—¿Haces bien en enojarte tanto?

Jonás estaba justificando el haber huído de Dios para no obedecerlo en su mandato de ir a Nínive a profetizar que la ciudad sería destruída en 40 días a causa de su pecado.
 Al profeta le fastidiaba el saber que sería en vano el largo viaje a Nínive, a través de un desierto terrible, plagado de peligros, llevando una noticia de destrucción que le podía ganar algunos buenos palos, sino la muerte, de parte de los ninivitas, que de paso, no hablaban su lengua ni conocían a Jehová. 
Era demasiado esfuerzo y peligro para una tarea que según él, sería vana, ya que Jonás sabía que Jehová finalmente se apiadaría de la ciudad y no la destruiría.  Por eso dice lo que dice en el verso citado arriba.
En otras palabras, justificaba su huída en el barco hacia Tarsis, con la que le decía a Dios: "Hazlo  TÚ y no me fastidies".

¿Cuántas veces dije eso? Yo, muchas.

Pero hay más en el corazón de este hombrecillo. 

Jonás se enoja hasta la muerte, porque finalmente viaja a Nínive a hacer una tarea que él consideraba vana, después de haber soportado una tormenta que casi parte el barco en el que huía, después de naufragar, de ser tragado por una ballena y finalmente vomitado en una playa. Me imagino las fachas de Jonás después de todo eso: Baba de ballena, arena del desierto, sol inmisericorde, la misma ropa, sin lugares para aseo. Y encima llevaba una mala noticia a Nínive. Debía ser lamentable. 
En esas fachas, sucio y maltratado,  les había hablado a los asirios, diciendo que la ciudad sería destruída. 
Quizá en algún momento se animó pensando que, después de todo, seguro podría ver el espectáculo de esa destrucción. Por eso buscó una lomita y se instaló ahí a ver lo que iba a pasar.
Pero pasados los 40 días Jehová no destruye a las 120.000 personas de Nínive (en donde hasta hoy, pese a Isis, vive la mayor comunidad cristiana de Irak). 
Eso fastidia a Jonás hasta la muerte.  

-Yo sabía que todo esto era en vano.
Habrá pensado.

Jonás no sólo que no teme a Jehová (por eso huye, creyendo que podía escapar), sino que no tiene misericordia  por estos habitantes de Nínive, que sí se han arrepentido por su predicación del Juicio de Dios sobre ellos.  Sí tuvo misericordia por los hombres del barco en el que "huía", por eso pide que lo echen al mar, para que no perezcan todos por su causa. Pero por los 120.000 asirios, no la tiene. Y aún con ese corazón, él es usado, porque por su predicación el pueblo y el rey de Nínive se arrepinten de su inmundicia, y agradan a Jehová, un Dios que ellos no conocían, por cuanto eran asirios. 
Jonás fue usado para despertar el arrepentimiento de una de las ciudades más grandes del mundo antiguo. Un hombre que no quería hacerlo y que no amaba a esas personas, lo hizo. 
Porque Dios quiso.
Aunque Jonás era un necio y un sanguinario,  el Todopoderoso sí tiene misericordia por Nínive. Y también por este hombre, al que le dá una explicación que busca abrir el entendimiento de Jonás. 
Le dice: 
Jonás 4:10 Entonces Jehová le dijo:
—Tú tienes lástima de una calabacera en la que no trabajaste, ni a la cual has hecho crecer, que en espacio de una noche nació y en espacio de otra noche pereció, 11 ¿y no tendré yo piedad de Nínive, aquella gran ciudad donde hay más de ciento veinte mil personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda (cegadas por el pecado), y muchos animales?

Dios enseñando misericordia a los hombres. Luego Jesús traería un nuevo mandamiento que tiene que ver con aquello.  
-Ámense los unos a los otros.

Otros grandes hombres y mujeres que fueron enviados por  el Señor a hacer su obra no se quedan cortos con respecto a Jonás. 





Pero la pregunta sigue sin respuesta: ¿Por qué siendo como somos, un Jonás, Dios nos toma en cuenta en un trabajo que EL puede hacer solo? 

La respuesta está allá en Génesis 1:26-28. 
Sí, en el principio mismo de la Biblia. Allí Jehová de los Ejércitos dice: 

26 Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y tenga potestad sobre los peces del mar, las aves de los cielos y las bestias, sobre toda la tierra y sobre todo animal que se arrastra sobre la tierra.»
28 Los bendijo Dios y les dijo: «Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sometedla; ejerced potestad sobre los peces del mar, las aves de los cielos y todas las bestias que se mueven sobre la tierra

Allí EL le entregaba al hombre el señorío sobre la Tierra. 
Ojo con eso.

A partir de ese momento, el hombre ya tiene autoridad plena sobre la Creación, hasta que esa autoridad éste se la entrega al enemigo, no mediante la legalidad ni el acuerdo, sino, mediante el engaño.

Génesis 3:1-6  La serpiente era más astuta que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho, y dijo a la mujer:
—¿Conque Dios os ha dicho: “No comáis de ningún árbol del huerto”?
La mujer respondió a la serpiente:
—Del fruto de los árboles del huerto podemos comer, pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: “No comeréis de él, ni lo tocaréis, para que no muráis.”
Entonces la serpiente dijo a la mujer:
—No moriréis. Pero Dios sabe que el día que comáis de él serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios, conocedores del bien y el mal.
Al ver la mujer que el árbol era bueno para comer, agradable a los ojos y deseable para alcanzar la sabiduría, tomó de su fruto y comió; y dio también a su marido, el cual comió al igual que ella.

De ahí que el miserable tentador, que había usado una bestia para hacerse oír ante Eva, pasó a llamarse "príncipe de este mundo". Es decir, el gobernante de este mundo ya no era el hombre. Era el caído y sus huestes.

 Dice Jesús: 

Juan 14:30 No hablaré ya mucho con vosotros, porque viene el príncipe de este mundo y él nada tiene en mí

 Y desde entonces fue tan príncipe, tan gobernante de este mundo, que fue capaz de ofrecerle a Jesús el poder terrenal y los reinos sobre la Tierra cuando lo estaba tentando en el desierto. 
Así como había esperado que Eva esté sola para tentarla, esperó que el cuerpo de Jesús se debilitara lo suficiente durante los 40 días y 40 noches de sed, hambre, calor y frío en el desierto, antes de ir a tentarlo con esta oferta que ningún otro ser hubiera rechazado:

Mateo 4:8 Otra vez lo llevó el diablo a un monte muy alto y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo:
Todo esto te daré, si postrado me adoras.
10 Entonces Jesús le dijo:
—Vete, Satanás, porque escrito está: “Al Señor tu Dios adorarás y sólo a él servirás.”

¿satanás podía ofrecer algo que no tenía? ¿Más aún ante Jesús? 
Jesús sabía que el mundo en el que había nacido estaba caído desde los días de Adán, por eso eso vino. Su labor era deshacer las obras del diablo.

 1 Juan 3:8 El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.

Y una de esas obras a deshacer, era quitarle territorio al enemigo, no sólo el espiritual, sino también el físico, pues  el señorío satánico sobre este mundo es ilegítimo. La Tierra ha sido dada a los hombres y sólo a los hombres. No a aquel usurpador y sus bestias.

Entonces, Jehová de los Ejércitos reactivó su mandato dado en  Génesis 1:26 y 28, porque:
   Números 23:19  Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre, para que se arrepienta. ¿Lo ha dicho El, y no lo hará?, ¿Ha hablado, y no lo cumplirá? 

El Altísimo  busca restituir ese señorío para el hombre, arrebatándolo a satanás, pero  con la intervención directa del hombre. Quiere que le derrotemos en SU nombre, por eso nos usa: 

Marcos 16:17  Estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios (...)

Si el hombre cedió la Tierra en la soledad del Edén, vencerá de la mano de Dios, aunque no lo merezcamos.  Aunque seamos un Jonás, peor que Jonás, venceremos, porque Dios así lo quiere. Por que EL nos ha elegido para esto desde el vientre de nuestra madre.

Moisés derrotó con la ayuda de Dios y sus grandes señales  al reino más poderoso del mundo.
Josué tomó en batalla la Tierra Prometida, y está claro que no iba solo con sus hombres.

Josué 5:13-15 Aconteció que estando Josué cerca de Jericó, alzó los ojos y vio a un hombre que estaba delante de él, con una espada desenvainada en su mano. Josué se le acercó y le dijo:
—¿Eres de los nuestros o de nuestros enemigos?
14 —No —respondió él—, sino que he venido como Príncipe del ejército de Jehová.
Entonces Josué, postrándose en tierra sobre su rostro, lo adoró y le dijo:
—¿Qué dice mi Señor a su siervo?
15 El Príncipe del ejército de Jehová respondió a Josué:
—Quítate el calzado de los pies, porque el lugar en que estás es santo.
Y Josué así lo hizo.

Como se ve, la Tierra Prometida que un día perdimos ante satán, está ahí y tenemos ayuda de Dios para recuperarla. Por eso nos usa.
Nuestra Tierra Prometida es nuestro corazón, luego nuestro cuerpo, después nuestra familia, nuestro entorno, nuestra  ciudad y nuestro país. Finalmente el mundo entero.
Dios nos toma en cuenta en esta operación de re conquista, no por lo que seamos nosotros, sino por lo que es EL en nosotros, así seamos un Jonás de esos.  
Somos parte del ejército de reconquista de la Tierra y nuestra bandera de victoria es el Nombre de Jesús.  Pero lo primero a conquistar para EL, es nuestro corazón. 

Arrepentite de tus pecados. No importa cuánto de Jonás haya en vos. EL olvidará todas tus transgresiones si tu arrepentimiento es sincero. Aceptá a Jesús como tu Señor y Salvador, conocé la verdad y serás libre, y así harás libres a los que amas, porque así está Escrito. 

 

miércoles, 22 de febrero de 2017

PIEDRA Y ACEITE





Mamá me llevó de la mano hasta donde estaba ese hombre con fachas de peluquero.  
Nunca vi el rostro de mamá, sólo sé que era ella, del modo en que uno siempre sabe esas cosas. 
Yo no estaba enfermo, pero sentía que me llevaban hasta aquel varón con aires de peluquero, para curarme de algo que yo no sabía.

Mamá me dijo: Sentate ahí.

Y me senté, porque ella siempre tenía razón en todo, aún cuando yo no entendía. 

La silla estaba sobre una acera al borde del segundo anillo. 
Quien conoce Santa Cruz de la Sierra, sabe que esa es quizá la arteria vehicular más grande de una urbe de más de dos millones de habitantes. Tiene ocho carriles por donde transitan miles de vehículos cada hora.

Entonces yo estaba sentado en una silla esperando que hicieran algo conmigo, mientras medio mundo pasaba a mi lado en sus carros, mirándome de las formas más extrañas. Era incómodo. Y extraño.
Pero fue más extraño cuando el sujeto con aires de peluquero empezó a embadurnarme la cara y la cabeza con algo que parecía un combustible o un aceite. Olía como a combustible, pero era un aceite.
Luego se colocó detrás de mí, puso una mano sobre mi cabeza y comenzó a balbucear palabras que yo, azorado por el espectáculo público que estaba dando y desconcertado por una situación así de incomprensible, no entendí. 
Le pregunté a mamá: ¿Qué sucede?
Su voz me alcanzó para decirme: Está orando por vos.

Mientras lo hacía, un vehículo bastante lujoso paró a mi lado y una mujer verdaderamente hermosa sacó la cabeza por la ventanilla y con gesto de burla me gritó casi a la cara:  
-Anda que te curen esa sarna en otra parte
Y se fue. 
La avenida se nutrió de más vehículos y todos los que pasaban me miraban con expresiones de burla o de desconcierto, como si estuvieran viendo a un loco o a un condenado a muerte.  
Un carro se detuvo en la esquina más próxima del lugar donde estabámos yo y mi silla, el conductor bajó del coche, me miró y dijo para sus adentros, con pesar: Eso es erisipela.  
Lo dijo para sí, pero yo lo escuché como si me lo hubiera dicho al  oído. 
Yo sabía que la erisipela era un tipo de hongo horrible, que te aparecía en la cara cuando te bañabas en atajados de agua sucia donde también se bañaban los caballos. De niño lo había visto en mis amigos, allá en Santa Rosa. 
Se trataba de un hongo de bestias y de sitios sucios.Y él dijo que yo tenía eso en la cara. Entonces por eso se burlaban o se apiadaban. Porque yo tenía la cara marcada por la suciedad y la verguenza de una plaga de animal.

El hombre con aires de peluquero terminó de orar y dijo: Debes mantener en tu rostro, por seis minutos, aquello que te he puesto. 

Para mí ya era suficiente. 
Me levanté de la silla puesta sobre la acera, molesto, y decidí caminar unos metros hacia una calle cercana y desierta para alejarme de la gente y de la sensación de molestia que me generaba una situación que no terminaba de entender. Además ¿mamá? ¿Pero si mamá llevaba 20 años de muerta? 
Mamá, el hombre con fachas de peluquero y el segundo anillo quedaron atrás.
En el fondo de la calle donde entré habían unos hombres trabajando en una construcción. 
A la izquierda estaban los que preparaban el lugar donde cavarían para levantar los cimientos. A la derecha estaban los que amontaban las piedras que se usarían para esos cimientos. 
Entonces, sin decir palabra,  tomé una pala y los ayudé a mover las piedras. 
Mis compañeros eran hombres sencillos y alegres que no me preguntaron qué era aquello que me embadurnaba el rostro y la cabeza, ni de dónde había salido, ni por qué estaba ahí. Ni se burlaron, ni se apiadaron. Me aceptaron como uno más de ellos, en ese trabajo que parecía importante. 
Enterrábamos las palas en la piedra y las movíamos lo más cerca posible hacia el grupo que iba a cavar los cimientos. 
Yo era el más pequeño entre los cargadores de las piedras, el más joven, el más inexperto, el más débil. Mi pala era la más pequeña de todas.

Hundo la herramienta entre las piedras y noto que entre ellas hay Biblias. Hay tantas Biblias como piedras. Y ambas se van a usar en la construcción para la que se está disponiendo todo. Serán los cimientos. Hundo la pala y cargo piedras y Biblias, piedras y Biblias, piedras y Biblias,  hasta el lugar en donde se está concentrando este material que será la base fundamental de un gran edificio.
Yo tenía que estar sólo seis minutos con aquel aceite en mi rostro y mi cabeza, pero lo he tenido toda esta tarde, hasta que ha llegado la noche y los obreros ya se disponen a descansar luego de un día de trabajo estupendo. Nos organizamos en cuadrillas y nos despedimos para reiniciar mañana.

Entonces despierto. 
Fue hoy.

Mi esposa ya se había levantado, de modo que la llamé. Me dijo que esperara, que estaba preparando el desayuno, pero le pedí que venga, porque pronto olvidaría el sueño. Eso me suele pasar. Sueño y luego al momento de despertar, a los pocos segundos, lo olvido. No los puedo retener.
Vino y le conté. 
Me dijo: Lo que entiendo es que hay una unción sobre vos, un aceite con olor a algo que incendia, que activa. Un combustible.

Hay gente que ora por vos (el hombre con fachas de peluquero). Ese aceite y las oraciones, han tenido un efecto. Ahora sos distinto a lo que solías ser. Y aquello aún es visto por muchos de los que te conocen  como algo apestoso en tu ser (la sarna, la erisipela), algo ridículo (el insulto burlón de la mujer hermosa). Te miran de arriba (de los carros) porque creen que estás haciendo el ridículo (en esa silla, con la cara y la cabeza embadurnada, delante de todo el mundo).
 Según ellos, ¿Cómo pues alguien como vos puede ser así,  de mente tan estrecha, un fundamentalista desagradable ante los ojos de los librepensadores del siglo XXI? Eras un tipo interesante y ahora te has vuelto un loco religioso. Algunos no te lo perdonan. Tu actitud entregada a Dios, los ofende. Los insulta.

Por eso mientras oraban por vos y tenías el aceite sobre tu cabeza, unos se burlaban y otros te alertaban de que eso era un problema. Una peste animal fruto de la mugre del fanatismo. Un: "Salvate Pinto, que ese fanatismo te va a matar". 
Por otro lado, las burlas no te disminuyeron. Dejaste eso atrás, recibiste la oración y mantuviste el aceite sobre tu cabeza, aunque en principio no lo entendías. Avanzaste y empezaste a trabajar  en una obra grande cuyos cimientos son sólidos como la roca. Más sólidos que la roca, porque ese cimiento también contiene la Palabra de Dios. La Biblia. Muchas Biblias. 

Sos parte de esa obra grande que recién está empezando...

Me dijo eso y se fue a poner la mesa. Como si nada. 
Era muy coherente lo que me había dicho. 

Pero hay más. Yo olvido pronto lo que sueño, pero éste sueño en particular me ha obligado a escribirlo.
¿De qué se trata todo? No lo sé. 
El tiempo. El tiempo de Dios lo dirá. 
Entre tanto, bendigo a los que se burlan y a los que se alarman, porque un día alguien oró por mí y una unción de aceite sanó mi alma hasta entonces herida de muerte, sucia de la sarna,  de la erisipela  del pecado. 
Los bendigo y pido que un día conozcan a Cristo, como yo lo hice.

Gracias Dios por hablar a tu siervo en el sueño. 
Y gracias Señor por la vida de mi esposa, que siempre me ayuda a entenderlos. A entenderte.


domingo, 12 de febrero de 2017

HASTA EL ÚLTIMO HOMBRE...



La suya es una locura más grande que la guerra misma. 

Desmond Doss (Andrew Garfield), es un campesino cristiano virginiano que ha crecido en un hogar humilde atravesado por la fe inquebrantable de una madre ejemplar; y el alcoholismo violento de un padre que no superó nunca los traumas de la I Guerra Mundial.

En una trinchera en medio de la batalla, el soldado Doss dirá después recordando el único día en que tomó un arma en su vida (se la quitó a su padre, quien quería matarse en delante de su madre): 
"No maté a mi padre. Pero lo maté en mi corazón".

Doss, ingenuo, pero de convicciones firmes, desea servir a su país en la peor guerra de la historia sin llevar un arma. Considera justo responder a Japón. Sus amigos han ido a la guerra. Su hermano ha ido, pese a la oposición de su padre. Desmond quiere ir a la matanza sólo armado de al menos dos de los mandamientos de Dios: "No matarás" y "amarás a tu prójimo como a tí mismo". Sin duda, la guerra contra Japón es el peor lugar para aplicar aquello. O quizá es el mejor.


Claro, en un mundo en guerra, ser un pacificador según el corazón de Dios, se vuelve un problema. Y Desmond los tiene. 
Los militares creen que él se siente moralmente superior a ellos, que sí tienen que hacer el "trabajo sucio" de enfrentar a ese satanás que los arrastró a la guerra en Pearl Harbor, y tratarán de escarmentarlo para que desista. Es un mal ejemplo para un país que necesita estar unido en el esfuerzo bélico. Debe salir del ejército.
 Lo presionarán, lo golpearán, buscarán acusarlo de loco, lo mandarán a Corte Marcial y lo amenazarán con varios años de cárcel. Pero Doss es un hombre de fe y para serlo (lo sabemos), hay que tener mucho valor, algo que sus camaradas descubrirán en el transcurso de la confrontación con los japoneses en el Pacífico. Doss, el cobarde, mostrará de qué está hecho y en Quién ha creído.
En lo peor de la masacre preguntará al Señor, que nunca antes le ha hablado: ¿Qué quieres que haga? Y obedecerá, y será un héroe de guerra,  no por quitarle la vida a otros hombres. Algo inédito. 

El suyo será un testimonio de amor en medio de la barbarie, en el que no sólo arriesgará la vida para salvar a sus compatriotas, sino también a los japoneses, a quienes él ha visto masacrar a sus compañeros. Pero son humanos, como él. Hijos del mismo Dios. No los odia, no desea venganza. 
Sí, la suya es una locura más grande que la guerra misma.

En la vida real, Desmond Doss salvó a 75 hombres y no mató a ninguno. Fue el primer objetor de conciencia en recibir condecoraciones del gobierno de EEUU y en ser catalogado un héroe de guerra. 
Mel Gibson, fiel a su habitual hiper realismo, pero esta vez sin exagerar, hizo un maravilloso retrato de este hombre ejemplar, en una película cuyo reparto está conformado además por Hugo Weaving (el padre de Desmond Doss),  Sam Worthington  (capitán Glover) o Vince Vaughn  (sargento Howell).

Mel Gibson se caracteriza por un maravilloso manejo de la fotografía y de la luz. Esta no es la excepción, pero los recursos técnicos de este gran director palidecen ante la importancia del mensaje, un mensaje que atraviesa el tiempo y las ideologías. Un mensaje que describe a un hombre que en el peor escenario posible, nos dice... No, no nos dice, nos muestra que Dios no está loco, y que la misericordia en medio del horror es el único camino posible para alcanzar esa paz que es la más importante de todas: la paz individual. La de adentro. 
Nos muestra que la paz del mundo se construye con la paz de cada uno. Y que si confías en Dios, incluso en medio del infierno en la Tierra, EL te puede llevar y traer de allí. Sano y salvo. Muy salvo.  

Desmond triunfará ahí donde su padre fracasó, redimirá a su familia, y con ella, a la humanidad entera.
Esta es sin duda una película imperdible, para verla en el cine y para tenerla guardada en casa. Para verla cada vez que sientas que nada bueno hay en esta Tierra.
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1 Corintios 2:14 El que no tiene el Espíritu no acepta lo que procede del Espíritu de Dios, pues para él es locura. No puede entenderlo, porque hay que discernirlo espiritualmente.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

¿ENSEÑÓ JESÚS A JUZGAR AL OTRO? ¿ES DE CRISTIANOS HACERLO? HAGASE EL FAVOR DE LEER (PARTE 1)




Hay dos requisitos claves para entender los versos de la #Biblia:
Pedir sabiduría del Espíritu Santo y leer el contexto en el que se desarrolla ese pasaje leído. El no hacerlo ha hecho que la Palabra de Dios sea totalmente malinterpretada y distorsionada incluso por los creyentes. Una de esas distorsiones ha sido el juzgar al prójimo, defendiendo ese principio no cristiano, con versos de la Biblia. De ahí la necesidad de escribir este post. 

Y es que, me sacude el corazón el ver cómo algunos de mis hermanos en Cristo tienen su alma ardiendo por su deseo de juzgar a los demás. 

Y no sólo que tienen el deseo de crucificar a los otros,  sino que defienden vehementemente ese su "derecho" a hacerlo (los imagino vociferantes, con los ojos desorbitados, la boca llena de espuma),  argumentando versos como Juan 7:24,  donde Jesús dice:  
No juzgueis según las apariencias, sino juzgad con juicio justo. 

O este otro verso, 1 Corintios 6:3 en donde Pablo dice: 

¿O no sabeis que juzgaremos a los ángeles?

Entonces, en su pensamiento, estas personas llegan a la terrible conclusión de que si juzgaremos a los ángeles,  ¿cuánto más a tu vecino, que es un triste mortal?

Sin embargo, quienes argumentan estos versos omiten una regla fundamental a la hora de entender la palabra de Dios: 
Leer el contexto en que las frases fueron dichas.  
Y claro, pedir guía al Espíritu Santo.

Pero vamos por partes:

En Juan 7:24 (No juzgueis según las apariencias, sino juzgad con juicio justo) se habla de juzgar con juicio justo, pero el juicio justo sólo puede venir de Dios, por cuanto entre los hombres, no hay justo, ni siquiera uno.


Romanos 3:10
Como está escrito:
    No hay justo, ni aun uno


Y si no hay un justo de corazón, ¿habrá alguien capaz de juzgar con juicio justo? No señor. ¿Y eso por qué? 


Mateo 12:34
¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca.
 Eso le dijo Jesús a los fariseos. A lo religiosos que decían una cosa, pero hacían otra. Sí, también juzgadores del prójimo. 

Esto trae a mi mente una parábola contada por Jesús: 


Lucas 17:9 A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola:
10 Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano.
11 El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano;
12 ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano.
13 Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador.
14 Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.

"Cualquiera que se enaltece será humillado..."
Para tomar en cuenta. 

 Pero volviendo al versículo en cuestión (Juan 7:24), cuando Jesús le dice a la gente que juzgue con juicio justo, no le está hablando a sus discípulos. Ojo con eso. Repito: No le está hablando a sus discípulos.
Está rodeado de detractores y a ellos les habla. Cuatro versos más arriba esta gente le ha dicho que EL tiene demonio.


Juan 7:20 Respondió la multitud y dijo: Demonio tienes, ¿quién procura matarte?

Obviamente no son sus discípulos. Como se ve, no está dando un mandato a sus seguidores. Les habla a sus detractores.  También son  detractores de EL los que toman esa palabra y la aplican contra su hermano, porque ese no fue el objetivo original. 

En segundo lugar, les dice a estos detractores que juzguen justamente, pero no se refiere a que juzguen al prójimo, se refiere a EL. Que lo juzguen rectamente a EL. 

Si colocamos el verso inmediatamente anterior al que nos ocupa, se explica mejor lo que digo: 

Juan 7:  23 Si recibe el hombre la circuncisión en el día de reposo,[b] para que la ley de Moisés no sea quebrantada, ¿os enojáis conmigo porque en el día de reposo[c] sané completamente a un hombre?
24 No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio.

 En otra palabras dice: En día de reposo se circuncida, y nadie se enoja. Y se enojan conmigo, porque ese día sano a un hombre?
No juzguen por lo que parece, juzguen con justicia. A MI.

Habla de EL y de su obra en frente de los incrédulos, no de nosotros con el prójimo. 

Pero además, ¿cómo podemos animarnos a juzgar al prójimo, si el mismísimo Jesús dijo que EL no había venido a juzgar a nadie? 
En serio, lo dijo, está escrito. 

Juan 3: 17 Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.
¿Tenemos más derecho que Cristo, para juzgar al otro? 
¿En serio, ustedes juzgadores, creen eso?

Ok. Pero qué dice nuestro Señor con respecto al juicio que consume por dentro a tanto creyentes engañados por aquellos lobos rapaces disfrazados de ovejas? Algo tiene que decir, y lo dice, fuerte y claro.

Mateo 7:7
No juzguéis, para que no seáis juzgados.
Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.
¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?
¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo?
!!Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.

 En este contexto descrito en los versos de arriba, ya Jesús no les está hablando a sus detractores, sino a sus seguidores. Esta palabra es dada en el Monte, sermón que empieza de esta manera:

Mateo 5:1  Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos.
Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo:
 (...)
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. 


El que juzga a otro, no muestra misericordia. Y por lo tanto no la recibirá del Padre.


 El verso de Pablo (1 Corintios 6:3) lo veré en otro post, no aquí, para que no se haga tan largo.


Ya sabe. No juzgue. Si hay una persona cometiendo errores, hable con esa persona, exhortela con amor y firmeza, y si no lo escucha, entonces ore por ella. Gánela en lo sobrenatural para Cristo, no la condene ni se condene al infierno por las palabras de su propia boca, por darle gusto a la carne que sólo sabe hacer estupideces, tanto así que tuvo que venir el mismo Hijo de Dios para hacer por nosotros lo que nosotros no podíamos: Reiniciar la relación con el Padre.  No lo eche a perder. Usted no es juez de nada ni de nadie. 
Sólo hay UN Juez y no es de este mundo.